En el corazón de El Vivero, un barrio que ha visto días mejores, se cierne una sombra de preocupación. La historia del Cine Iris, un emblemático espacio que lleva cerrado demasiado tiempo, se entrelaza con las necesidades urgentes del CEIP Es Vivero. Este colegio, que abrió sus puertas en 1931, alberga a cerca de 200 alumnos que están esperando más espacio y recursos para poder aprender y crecer.
Apenas hace un año, nuevos inversores pusieron sus manos sobre el Cine Iris y las viviendas adyacentes. En este vecindario donde familias han luchado por mantener su hogar, los niños incluso estaban matriculados en la misma escuela. Ahora, esos inversores ya están en conversaciones con el Ajuntament de Palma. La esperanza es que estas propiedades pasen a ser parte del patrimonio público y se conviertan en infraestructuras educativas necesarias.
La voz de la comunidad: Aina Capó alza la mano
Aina Capó, la directora del CEIP Es Vivero, no se queda callada ante esta situación. Con determinación, asegura: «Nuestro objetivo es animar al Ajuntament de Palma para que adquiera el Cine Iris. Lo que se nos ha prometido debe materializarse». Aunque reconoce cierto interés por parte del Consistorio, hay miedo a que todo quede en palabras vacías. «Sabemos que esto puede ser un proceso lento, pero no podemos quedarnos parados», añade Aina mientras toca todas las puertas posibles para encontrar soluciones.
Los inversores son claros: «Si las administraciones no actúan pronto, colgaremos el cartel de Se Vende». Y esto es alarmante porque la demanda por terrenos urbanizables en Palma es insaciable; hay muchos dispuestos a competir por esos espacios.
Desde la Conselleria d’Educació aseguran que están al tanto de la situación y han incluido la ampliación del CEIP Es Vivero dentro de sus planes futuros. Pero aquí estamos todos expectantes: ¿cuándo se hará realidad?
Por su parte, el Ajuntament de Palma también manifiesta su compromiso con esta causa. Sin embargo, los problemas continúan siendo palpables dentro del colegio. Aina menciona cómo deben lidiar con un edificio antiguo cuyo deterioro representa un peligro real: «Hemos tenido caídas de cascotes; hemos tenido que poner barreras para proteger a los niños». Un entorno escolar seguro es primordial.
A pesar de las dificultades, Aina ha mantenido contacto constante con los nuevos propietarios del Cine Iris quienes ahora están realizando mantenimiento básico en el lugar. Ella sigue buscando apoyos e incluso cuenta con una moción aprobada por unanimidad en el pleno municipal instando a comprar ese cine para integrarlo al colegio. Pero como ella misma dice: «Los acuerdos pueden desvanecerse fácilmente si no hay acción detrás».
El sueño es claro: convertir ese cine en una extensión educativa donde puedan atender adecuadamente a todos los estudiantes sin tenerlos que enviar lejos. Con un centro más grande podrán ofrecer oportunidades reales a jóvenes vulnerables y reducir el absentismo escolar.
Aina destaca también otro reto significativo: contar con instalaciones adecuadas para alumnos con discapacidades severas. Actualmente tienen una alumna cuya necesidad básica no puede ser atendida correctamente debido a la falta de infraestructura adecuada.
Mientras tanto, Rafael García desde la Asociación de Vecinos mantiene una postura cautelosa sobre lo que vendrá tras esta compra privada; nadie sabe qué pasará realmente con ese edificio tan cargado de historia.
Todo El Vivero está pendiente del desenlace sobre lo que será el nuevo Cine Iris y su efecto sobre su comunidad educativa.

