El Hostal Sorrento ha sido el escenario de un tira y afloja que ya dura tres años. La Audiencia Provincial de Balears, en un giro que muchos esperaban, ha desestimado el recurso de los okupas que habían hecho del edificio su hogar. Esta decisión no es solo un golpe a los que intentaban resistir, sino también una luz verde para la Asociación de Madres y Padres de Personas con Discapacidad de Baleares (Amadiba), que busca transformar este inmueble en un espacio vital para 38 familias con discapacidad.
Un cambio necesario
A medida que se confirma el desalojo, los okupas deberán asumir las costas del proceso judicial. Mientras tanto, Amadiba respira aliviada tras ganar en segunda instancia y ahora espera la ejecución firme de la sentencia. En el edificio, ubicado en la calle Manacor, residen actualmente cuatro adultos ucranianos y varios menores. Esta familia fue acogida por el Govern balear hace tiempo, cuando la guerra en Ucrania desató una crisis humanitaria.
No obstante, tras meses intentando reformar este espacio para ayudar a sus usuarios, Amadiba se encuentra atrapada entre las necesidades urgentes de quienes necesitan asistencia y aquellos que se niegan a dejar lo que consideran su hogar. Desde marzo pasado, ya había una orden judicial para desalojar a esta familia; sin embargo, su resistencia ha llevado incluso a tapiar otras plantas del hostal por sospechas de subarriendos.
A pesar de las alternativas ofrecidas por el Govern en localidades como Lloseta o Binissalem —que fueron rechazadas por considerarlas demasiado pequeñas—, la situación sigue estancada. ¿Hasta cuándo podrá mantenerse este conflicto? Sin duda, lo único claro es que el tiempo apremia y la necesidad de abrir nuevas puertas para quienes más lo necesitan es cada vez más urgente.

