Palma

El desesperado grito de Abigail: una madre lucha contra una deuda injusta

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En la ciudad de Palma, el clamor de Abigail Mateos resuena con fuerza. Una mujer que se siente atrapada en un laberinto administrativo y económico debido a las decisiones de su exmarido. «Alcalde, ayúdeme«, escribe en su carta dirigida al primer edil Jaime Martínez, mientras el Ajuntament de Palma le exige nada menos que 71.000 euros por infracciones urbanísticas que nunca cometió.

A pesar de que el consistorio ha reconocido parte del convenio regulador de su divorcio, las multas siguen llegando y ella se enfrenta a un embargo inminente sobre su nómina este mes. Con una hipoteca y dos hijas pequeñas a su cargo, Abigail no ve forma alguna de hacer frente a esa cifra desorbitada. «No tiene sentido reconocer una parte y dejarme colgando con el resto», lamenta con angustia.

Una historia marcada por la desesperación

La situación es crítica. A medida que avanza la narración, Abigail revela su temor más profundo: perder su hogar y acabar en la calle junto a sus niñas de 6 y 8 años. Por eso ha decidido escribirle al alcalde; quiere abrir un canal de diálogo y encontrar una solución antes de que sea demasiado tarde.

En la carta, expresa claramente sus circunstancias personales: es víctima de violencia de género y explica cómo esto ha influido en todo lo relacionado con el divorcio y las responsabilidades sobre la propiedad familiar. «Nunca viví allí; todas esas decisiones fueron tomadas por mi exmarido», aclara con firmeza.

A pesar del drama que vive, Abigail no busca evadir responsabilidades, sino justicia. Su exmarido asumió todas las consecuencias legales relacionadas con esas infracciones en un acuerdo notarial donde queda claro quién era el verdadero responsable. Sin embargo, a pesar de toda esta documentación, su lucha sigue adelante sin respuestas claras por parte del Ayuntamiento.

Con los nervios a flor de piel, asegura haber buscado ayuda legal para resolver este embrollo pero se ha encontrado con dificultades inesperadas: errores en su defensa han complicado aún más la situación. Lo último que necesita es una sanción abrumadora cuando sus ingresos apenas cubren sus necesidades básicas.

Finalmente, Abigail destaca lo esencial: «No estoy tratando de escapar del deber; solo quiero que se reconozcan mis circunstancias y que no se me haga pagar por algo ajeno». Su deseo es simple pero poderoso: buscar una solución administrativa justa para terminar con este conflicto desgastante.

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