El Mallorca ha aprendido de la forma más dura lo que significa perder en Segunda División. En un encuentro donde los errores se acumularon, los bermellones vieron cómo su falta de puntería y algunas decisiones arbitrales cuestionables les costaron caro. El Granada se impuso 2-0, pero el verdadero drama sucedió en el segundo gol, donde un fallo monumental del árbitro dejó a todos boquiabiertos.
La historia comenzó cuando Alemañ abrió la lata para los locales. A partir de ahí, el equipo balear intentó reaccionar, pero la suerte no estuvo de su lado. Un córner lanzado sin autorización del colegiado llevó a un gol en propia puerta de Puigmal que sentenció al Mallorca. Fue un momento crítico: mientras los jugadores estaban parados, el balón encontró la red y las esperanzas se esfumaron.
Un partido para olvidar
A pesar del resultado, hay que destacar que el Mallorca generó ocasiones. Sin embargo, esa chispa que necesitamos no apareció. Adri Fuentes tuvo una oportunidad clara al principio, pero su disparo se fue desviado; y aunque lo intentó nuevamente tras un pase de Morlanes, fue anulado por fuera de juego. La situación se complicaba con cada minuto que pasaba.
Los andaluces no perdonaron e hicieron daño en cada contraataque. José Arnaiz estuvo muy activo y ya había puesto a prueba a la defensa mallorquinista antes del primer gol. El equipo local supo aprovecharse de los errores defensivos y marcó cuando quiso. Y aunque hubo destellos de buena jugada por parte del Mallorca, como un cabezazo de Raíllo que salió rozando el palo, nada parecía funcionar ese día.
A medida que avanzaba el partido, Luis García movió ficha: cambios necesarios para intentar revertir la situación. Pero ni Liso ni Buksa lograron marcar la diferencia; era evidente que algo faltaba en el engranaje del equipo. Al final, todo quedó sepultado bajo ese segundo gol surrealista que dejó al Mallorca sin reacción.
Es verdad que esta derrota no debe encender alarmas excesivas en jornada dos; sin embargo, hay mucho trabajo por delante si quieren alcanzar sus objetivos esta temporada. Hay margen para mejorar, sí; pero también hay una lección dolorosa sobre cómo no pueden permitirse conceder tanto ante rivales directos si quieren pelear por algo más grande.

