El pasado sábado, el primer ministro húngaro, Péter Magyar, dio una noticia que no pasa desapercibida: se ha iniciado un operativo que implica hundir dos barcazas y varios bloques de hormigón en el río Danubio. ¿El objetivo? Asegurar que la central nuclear de Paks siga funcionando sin problemas. En sus propias palabras, las barcazas de 80 metros ya están listas y ancladas en su lugar designado, preparadas para ser sumergidas.
Una situación crítica
Pero esto no es solo un capricho; hay una razón detrás de estas maniobras. Según Magyar, los expertos están vigilando constantemente factores cruciales como el nivel del agua y su velocidad. Con unos dispositivos de medición a su disposición, la situación parece estar bajo control… por ahora. Sin embargo, esta operación no es sencilla. Se planea arrojar bloques de hormigón de dos toneladas al agua, traídos desde Dunakiliti por helicópteros del Ministerio de Defensa. Un despliegue nada sencillo que está bajo la atenta mirada del primer ministro.
La situación es delicada: actualmente el nivel del agua en Paks se sitúa en 122 centímetros y se prevé que baje aún más durante la madrugada del lunes. Esto podría forzar a detener una de las turbinas operativas si el nivel cae por debajo de los 132 centímetros. Y no solo Hungría está en juego; Rumanía también ha implementado un dispositivo similar para garantizar la operación de su propio reactor en Cernavoda.
No podemos ignorar que este descenso en uno de los ríos más importantes de Europa pone en jaque la seguridad energética de varios países a lo largo del Danubio, donde dependen vitalmente del caudal para refrigerar sus plantas nucleares. La lucha contra el descenso del agua se convierte así en una carrera contra reloj.

