En una jornada tensa, Rusia no se ha mordido la lengua y ha lanzado un mensaje claro al Gobierno de Moldavia: que se abstenga de hacer movimientos que podrían escalar aún más la ya frágil relación entre ambos países. Todo esto después de que Chisináu decidiera convocar a su embajador en Moscú tras el incidente de un dron, supuestamente ruso, que cayó en territorio moldavo.
La Embajada rusa en Moldavia ha calificado este gesto como un intento de restringir aún más los contactos, algo que, según ellos, no hace más que agravar la situación. Y es que desde Rusia insisten en que todavía no se cuenta con información suficiente para afirmar con rotundidad que el dron sea realmente de su país. De hecho, afirman tener la sensación de que el Gobierno moldavo está bajo presión de fuerzas externas y busca justificativos para limitar los ya escasos vínculos entre ambas naciones.
Un nuevo capítulo en una historia complicada
Moldavia decidió actuar este lunes llamando a su embajador Lilian Darii tras el incidente del dron. Este artefacto había caído en Crocmaz, una localidad situada al sureste del país y no muy lejos de Odesa, donde los ataques rusos son pan cotidiano. Según relatan las autoridades moldavas, el dron explotó al impactar contra un árbol y dejó escombros esparcidos por la zona, dañando edificios cercanos.
La presidenta Maia Sandu no ha dudado en calificar esta acción como otra violación del espacio aéreo moldavo por parte de Moscú. Este tipo de tensiones nos recuerda lo frágil que puede ser la paz en nuestra región y cómo cada movimiento cuenta en esta compleja danza diplomática.

