Carmen Palomino Chacón, una de esas personas que marcan la diferencia en cualquier lugar, nos dejó el pasado 1 de agosto tras luchar con todas sus fuerzas contra un infarto repentino. Su hija, María del Mar, lo resume perfectamente: «Es impresionante la cantidad de muestras de cariño que estoy recibiendo. Está toda la EMT consternada, llorando su pérdida». Y es que Carmen no era solo una trabajadora; para muchos, ella era la familia.
Carmen comenzó su andadura en la EMT en 1985. Como cuenta su hija, su abuelo fue uno de los fundadores de lo que hoy conocemos como Empresa Municipal de Transports de Palma. Con esa herencia familiar tan presente, Carmen empezó vendiendo bonobuses en Plaza España antes de pasar a otras áreas dentro del equipo. Lo que nunca cambió fue su dedicación y cariño por sus compañeros. «La EMT era su familia», añade María del Mar con emoción.
Un final inesperado pero lleno de amor
El fatal infarto llegó tras un fin de semana en Platja de Muro, un regalo pensado por quienes más la querían. Regresó a casa y sufrió un fuerte ataque al corazón que la llevó a la UCI. A pesar del esfuerzo médico y las múltiples cirugías en el Hospital Bellvitge, no pudo superar esta batalla final. «Falleció dándonos una lección a todos sobre resistencia y fortaleza», dice su hija con admiración.
Carmen tenía apenas 62 años y ya soñaba con su jubilación para disfrutar más tiempo con sus nietos, María y Miguel Ángel. Era una mujer generosa y siempre dispuesta a ayudar; se implicaba al máximo en resolver cualquier problema para sus compañeros. Para ella, trabajar en la EMT nunca fue solo un empleo: «Es nuestra familia», recalca María del Mar mientras recuerda cómo Carmen vivía por y para ellos.
Su partida ha dejado un vacío inmenso entre los que tuvieron el privilegio de conocerla. Una madre ejemplar, esposa devota y compañera inigualable. Se marchó rodeada del amor incondicional de los suyos y dejando huellas imborrables en cada rincón donde pasó sus días.

