En una noche que prometía ser solo diversión, cuatro jóvenes decidieron cruzar la línea y se colaron en Marineland, con la idea de acercarse a los delfines. A las 1 de la madrugada del 9 de marzo, estos chicos, de entre 18 y 23 años, saltaron la valla que daba acceso a la playa, sin pensar en las consecuencias que su acción podría acarrear.
Una vez dentro del recinto, no se lo pensaron dos veces: se lanzaron a la piscina donde nadaban los delfines y comenzaron a lanzarles pelotas. ¿Se dieron cuenta del peligro? Lanzar objetos a estos mamíferos puede ser fatal; ha habido casos donde han ingerido cosas peligrosas y eso les ha costado la vida. La alarma sonó y, al darse cuenta del caos que habían causado, emprendieron una carrera hacia las gradas.
Una fuga fallida
A pesar de su intento por escapar, el personal de seguridad no tardó en alcanzarlos. Y cuando apareció la Guardia Civil, no hubo más remedio que rendirse. Les gritaron «¡alto, Guardia Civil!», pero esos gritos parecieron caer en saco roto; decidieron saltar hacia un camino interno intentando evadir a los agentes. Finalmente fueron interceptados sin resistencia alguna.
La jueza decidió condenarlos a cuatro meses de cárcel cada uno por allanamiento de morada y aceptaron pagar multas de 360 euros. No obstante, gracias a un acuerdo alcanzado con sus defensas y tras aceptar su culpabilidad durante el juicio rápido celebrado en Palma, pudieron evitar ir tras las rejas si no cometen ningún delito durante los próximos dos años.
Todo esto plantea una pregunta importante: ¿Es necesario poner en riesgo tanto la vida animal como la propia por un momento efímero de emoción?

