El pasado 24 de junio, Venezuela fue sacudida por un doble terremoto que dejó una huella imborrable. Las cifras son desgarradoras: más de 6.000 personas han perdido la vida, según lo ha confirmado el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. En su último comunicado, nos cuenta que el número exacto de víctimas mortales se eleva a 6.125, mientras que casi 61.000 heridos han recibido atención médica en hospitales, un esfuerzo titánico ante la magnitud del desastre.
Un país sumido en el dolor y la reconstrucción
No solo los números impactan; también lo hacen las historias detrás de cada cifra. Los terremotos, con epicentro en La Guaira, han dejado a su paso no solo destrucción física, sino un profundo luto en comunidades enteras. Y aunque se han rescatado unas 6.462 personas, el camino hacia la recuperación es largo y lleno de desafíos.
A pesar del caos, hay destellos de esperanza: se han entregado 287 viviendas a quienes las perdieron y se están evaluando otras 43.679. Sin embargo, no podemos olvidar que aún hay 9.866 casas catalogadas como ‘alto riesgo’. ¿Qué pasará con esas familias?
Toda esta situación nos lleva a reflexionar sobre cómo se enfrenta una nación a tal adversidad y cómo todos podemos contribuir para salir adelante juntos.

