En Palma, la justicia ha hablado. La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Baleares ha ratificado la condena a seis meses de prisión para un albañil que se hizo con un adelanto para realizar unos trabajos y, como si nada, desapareció sin dejar rastro. El hombre cobró 750 euros en efectivo por una obra que nunca llegó a ejecutar.
Todo comenzó a finales de abril de 2024, cuando este albañil acordó con el propietario de una vivienda la construcción de una solera de hormigón por un total de 1.500 euros. Poco después, el 2 de mayo, el cliente le entregó esos 750 euros como señal para comprar materiales. Pero aquí empieza la historia turbia: el albañil nunca se presentó en la obra.
Promesas vacías y excusas absurdas
A medida que pasaban los días, el afectado empezó a desesperarse. Necesitaba esa solera para poder instalar parquet y no paraba de llamarle. Pero cada vez que lo hacía, solo recibía excusas: “Tuve una urgencia con el muro de una vecina que se cayó”, decía. ¿Pero cuántas veces se puede tirar a la basura la confianza?
Finalmente, ante tantas promesas vacías y largas eternas, el cliente decidió cancelar el encargo y pedir su dinero de vuelta. Pero claro, eso fue demasiado pedir para el albañil, quien simplemente se negó a devolverlo. En su defensa ante la Audiencia, alegó que no había intención de engañar y trató de disfrazar su falta como un mero incumplimiento del contrato.
A pesar de sus intentos por salir del atolladero diciendo que usó ese dinero para comprar materiales destinados a otra supuesta urgencia, los magistrados no compraron su versión. La Sala tumbó sus argumentos y confirmó sin dudarlo la sentencia del Juzgado Penal número 7 de Palma.
No hay duda: las palabras pueden ser tan frágiles como las paredes mal construidas.

