El Gran Premio de Hungría se convirtió en un nuevo capítulo de tensión para McLaren, un equipo que había empezado a mostrar destellos de competitividad en esta temporada dominada por Mercedes y Ferrari. La jornada comenzó con esperanzas al ver a Lando Norris saliendo desde la pole position, pero pronto se tornó en un drama interno que dejó huella.
Una salida llena de sorpresas
Todo empezó cuando Norris, al intentar mantener su posición, cometió un error al pisar la parte sucia en la curva 2. Fue entonces cuando Oscar Piastri aprovechó la oportunidad y lo adelantó, tomando el mando de la carrera. Sin embargo, este circuito es conocido por ser complicado para adelantar, lo que generó frustración en Norris. Al verse atrapado detrás de su compañero, pidió a gritos entrar a boxes antes que Piastri para intentar una estrategia de undercut. Pero aquí fue donde la estrategia del equipo tomó un giro inesperado: los mandos del garaje decidieron priorizar al piloto líder.
La calma se desvaneció rápidamente cuando Lewis Hamilton comenzó a recortar tiempos como un rayo tras realizar su parada. El jefe del equipo McLaren, Andrea Stella, tuvo que actuar rápido: “Hamilton estaba en condiciones de hacer un ‘undercut’ a los dos coches”, explicó. Y así fue como la presión llevó al equipo a cambiar su plan original.
Al reincorporarse después de su parada, Piastri se encontró con el Williams de Carlos Sainz, lo que le costó tiempo precioso justo cuando estaba luchando por mantener el liderazgo. En ese instante crítico, mientras Norris apuraba cada metro con aire limpio, ocurrió lo inevitable: un involuntario overcut permitió que Norris recuperara la primera posición.
Frustrado y sintiéndose traicionado por las circunstancias, Piastri no pudo contenerse y estalló por radio dirigiéndose a Sainz con unas palabras muy poco amigables: “¡Quítate de una p* vez, idiota!”. Este arrebato evidenció no solo el enfado del australiano sino también cómo los nervios y las tensiones pueden salir a flote bajo presión.

