En una tranquila madrugada del 22 de julio, un hombre de 42 años decidió jugar con su suerte y, tras haber estado bebiendo, se puso al volante. Lo que ocurrió después fue un auténtico desastre: su coche se convirtió en una máquina de demolición, chocando contra seis vehículos aparcados en la calle Ausiàs March. Todo comenzó cuando golpeó el retrovisor de un coche estacionado y, como si fuera un efecto dominó, arrastró a otros vehículos a su paso.
La locura de la noche
A las 2.35 horas, la escena era desoladora. Los coches estaban alineados pacíficamente, pero el descontrol del conductor rompió esa calma por completo. Su colisión no solo dañó los dos coches que impactó directamente, sino que también dejó huella en otras dos motocicletas y más vehículos cercanos. Al llegar al lugar del accidente, los agentes de la Unidad de Vehículos de Accidentes (UVAC) no tardaron en notar que algo no iba bien. Con síntomas evidentes de embriaguez reflejándose en su comportamiento, le hicieron la prueba de alcoholemia y los resultados fueron alarmantes: 0,75 miligramos por litro de aire espirado, ¡tres veces más del límite permitido!
Ahora este hombre se enfrenta a serias consecuencias legales por poner en riesgo la seguridad vial y causar daños innecesarios. La Sala de Atestados ya ha tomado cartas en el asunto y las diligencias han sido enviadas al Juzgado de Instrucción correspondiente. ¿Hasta cuándo seguiremos viendo situaciones así? Es hora de reflexionar sobre nuestras decisiones y recordar que detrás del volante nunca estamos solos; nuestras acciones tienen repercusiones.

