El equipo Williams llega al parón de verano con la moral por los suelos. Después de salir del circuito de Hungaroring sin sumar un solo punto, en su garaje han decidido dejar las excusas a un lado y afrontar la cruda realidad. El FW48, ese monoplaza que prometía ser la salvación, ha resultado ser una carga debido a su sobrepeso y fallos estructurales que han arrastrado todo el desarrollo. En un abrir y cerrar de ojos, pasaron de soñar con podios en 2025 a vagar por el fondo de la parrilla.
Un director sincero en tiempos difíciles
James Vowles, director del equipo, ha hecho algo inusual en este ‘Gran Circo’: una autocrítica sincera. Reconoció que el año 2026 está prácticamente perdido y que ahora todos sus esfuerzos están dirigidos a preparar un coche competitivo para 2027. ¿Y qué hay de sus pilotos? Tanto Carlos Sainz como Alex Albon, a pesar de estar relegados a las luchas más bajas, han mostrado una lealtad admirable al proyecto. Vowles no dudó en decirlo: “Se merecen luchar por los puntos cada fin de semana, pero no hemos podido dárselo”. Eso duele, pero es la verdad.
Aunque se anuncian algunas mejoras para Bakú tras el parón estival, Vowles fue claro: no esperemos milagros. Estas actualizaciones serán meramente simbólicas; lo verdaderamente importante ahora es establecer bases sólidas y corregir esos errores estructurales que tanto daño han hecho.
Este invierno ha sido un verdadero desastre para Grove. La planificación del monoplaza falló desde el principio, obligando al equipo a frenar cualquier tipo de evolución para lidiar con problemas urgentes. Un efecto dominó devastador del que Williams aún no se ha recuperado en esta primera parte del campeonato.

