En un giro inesperado, Melià Hotels ha decidido cerrar sus puertas en Cuba, poniendo fin a una historia de 36 años que muchos no imaginaban que llegaría a su fin. Con el cierre de sus 34 hoteles, la cadena ha dejado un vacío palpable en un sector que ya atraviesa tiempos difíciles. Esta noticia ha caído como un jarro de agua fría entre los cubanos y turistas que ven cómo el paisaje turístico se transforma rápidamente.
Un legado que se apaga
No es solo el cierre de hoteles; es la pérdida de empleos y oportunidades para muchas familias. ¿Quién no recuerda esas vacaciones donde Melià era sinónimo de calidad y confort? La empresa ha sido parte integral del desarrollo turístico en la isla, pero ahora parece que todo se va al traste por decisiones empresariales frías e impersonales.
A medida que el turismo evoluciona, con nuevas demandas y desafíos, nos preguntamos: ¿será este el principio del fin para otros actores del sector? Muchos ya están advirtiendo sobre los peligros de un monocultivo turístico, donde solo unos pocos prosperan mientras otros luchan por sobrevivir. Al final, todos nosotros tenemos algo que perder.

