La noche del 20 de julio ha dejado una huella desgarradora en la provincia ucraniana de Zaporiyia. Un nuevo ataque por parte del Ejército ruso ha llevado a la muerte a al menos tres personas, entre ellas una niña. Las autoridades locales no han tardado en alzar la voz y denunciar este acto que refleja el horror que se vive desde el inicio de la invasión en febrero de 2022.
Una comunidad rota
El gobernador Ivan Fedorov se ha hecho eco del dolor que embarga a los habitantes de Zaporiyia. En un mensaje conmovedor publicado en redes sociales, confirmó inicialmente el fallecimiento de dos ancianos y más tarde se recuperó el cuerpo sin vida de una pequeña durante las labores de rescate. Pero eso no es todo; este ataque no solo se llevó vidas, sino que también dejó 41 heridos y destrozos considerables.
Las fuerzas rusas lanzaron seis ataques con bombas guiadas sobre la capital provincial, causando estragos en cuatro lugares distintos, entre ellos edificios residenciales y almacenes. “Un total de 79 apartamentos han sido dañados”, decía Fedorov, reflejando la magnitud del desastre. La comunidad ya se encuentra lidiando con evacuaciones y desplazamientos forzosos por los daños sufridos en sus hogares.
En medio del caos, la Fuerza Aérea ucraniana informó que durante esa misma noche hubo un bombardeo masivo: dos misiles y casi un centenar de drones fueron lanzados contra su territorio. Aunque lograron interceptar 81 drones, los impactos continuaban afectando a varias zonas. “El ataque sigue activo”, advertían desde las fuerzas armadas ucranianas mientras aún había numerosos drones merodeando por el cielo.

