Cultura

Kate, la rusa que se enamoró de Mallorca y su lengua

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Cuando Kate llegó a Mallorca en octubre de 2025, solo conocía la isla a través de relatos de vacaciones. Sin embargo, menos de un año después, esta joven rusa ha capturado la atención en redes sociales gracias a su esfuerzo por aprender catalán y su amor por la cultura mallorquina. Nacida en Rostov del Don, asegura que representa un lado diferente de lo que muchos piensan sobre los rusos: «Siempre digo que soy una rusa un poco distinta a la imagen que tiene mucha gente. En el sur de Rusia somos bastante abiertos y cálidos», comenta con una sonrisa.

Un viaje lleno de aprendizaje y conexión

Tras estudiar Global Hospitality Management en Marbella, decidió dar un nuevo paso en su vida al mudarse a Mallorca, una decisión que no ha lamentado ni un instante. «Después de casi nueve meses aquí, puedo decir con sinceridad que Mallorca tiene un alma propia. La isla posee una identidad muy fuerte y una cultura rica que atrapa», afirma con entusiasmo.

Su interés por el idioma llegó casi al mismo tiempo que ella. Desde el primer mes comenzó a notar cada detalle y fue un amigo mallorquín quien le abrió las puertas a conocer más sobre la cultura local. Además, el libro «Queridos Mallorquines» fue como descubrir un nuevo mundo para ella.

No tardó en lanzarse a aprender catalán utilizando aplicaciones y vídeos. Y así comenzó su aventura en Instagram: «Lo hacía como un diario personal», dice. Nunca imaginó cómo esa iniciativa resonaría entre sus seguidores: «El apoyo recibido ha sido abrumador; he recibido ayuda constante para seguir aprendiendo», confiesa emocionada.

Kate también se ha integrado gracias al idioma. Se apunta a grupos de conversación y disfruta del reconocimiento en el supermercado local donde siempre intentan hablarle en mallorquín: «Aunque tarde un poco en responder, nunca cambian automáticamente al castellano; me animan a seguir intentándolo».

Aparte del aspecto lingüístico, Kate ha descubierto una Mallorca más allá de sus famosas playas; le encanta explorar la Serra de Tramuntana y recuerda con cariño excursiones por Deià o Valldemossa, donde siente esa conexión especial con las tradiciones locales: «Cada vez que veo un ball de bot em emociona ver cómo cuidan su cultura».

Consciente del impacto positivo del idioma, comparte dos consejos clave: no es necesario hablar catalán perfecto; simplemente intentarlo ya abre muchas puertas. Ella misma se siente afortunada por haber encontrado este hogar tan acogedor: «Mallorca me ha dado mucho más de lo que esperaba cuando llegué aquí».

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