En una reciente comparecencia que resonó con fuerza en Santa Eulália, la coalición de la izquierda ha denunciado sin tapujos cómo el Partido Popular está dejando morir las fiestas populares. Este no es solo un asunto de celebraciones; son las collas de Dimonis que dan vida a los Correfocs, las entidades vecinales que organizan fiestas en los barrios y hasta eventos históricos como la revetla del orgullo LGTBI+ y la icónica batalla de Canamunt y Canavall. Estas tradiciones están en peligro, y es hora de reaccionar.
Un grito por la cultura popular
Elena Navarro, regidora del PSOE Palma, junto a Kika Coll de Més per Palma y Lucía Muñoz de Unidas Podemos, ha presentado una moción conjunta para exigir al Ajuntament que se comprometa a preservar esta parte tan vital del patrimonio colectivo. «Las fiestas populares son el corazón de nuestra ciudad», afirmaron con firmeza durante su intervención. No se trata solo de diversión; se trata de identidad y comunidad.
La preocupación principal radica en cómo el Ayuntamiento ha ido poniendo obstáculos tras obstáculos para poder llevar a cabo estas festividades. Según Muñoz, este comportamiento parece más bien un intento por mercantilizar lo que debería ser una celebración comunitaria. “Es mucho más fácil delegar todo a una empresa privada”, denunció Navarro. “Así desmantelan la participación ciudadana y matan a las organizaciones que realmente aportan vida al lugar.”
Ante esta situación alarmante, han delineado cuatro propuestas concretas: primero, instar al gobierno local a rectificar su política actual y priorizar apoyo real para las entidades organizadoras. La segunda propuesta busca establecer una mesa de coordinación permanente entre todas estas asociaciones para facilitar su trabajo conjunto, dado que muchas festividades tienen años—si no décadas—de historia detrás.
A su vez, proponen simplificar los trámites burocráticos que complican la labor diaria de estas organizaciones; después de todo, ¡no deberían tener que luchar contra papeles para celebrar lo que aman! Y finalmente, exigen un respeto genuino hacia los ciudadanos y sus maneras históricas de celebrar.
Navarro concluyó con un mensaje claro: «¿Acaso no nos damos cuenta del modelo anti-participación que está en marcha?» Nos invita a reflexionar sobre cómo construir un espacio donde todos podamos expresar nuestras ideas sin temor ni trabas burocráticas. Porque si algo queda claro es que las fiestas son nuestra manera única de vivir Palma, y no podemos permitir que nadie las tire a la basura.

