Al pie de la Vía de Cintura, en un rincón olvidado por muchos, se ha gestado una historia que no podemos ignorar. Esa pasarela que une el Estadi Balear con Son Gotleu se ha convertido en refugio para quienes han perdido todo. El ruido ensordecedor de los coches que pasan a toda velocidad es el telón de fondo de una vida marcada por la precariedad.
Aquí, donde antes había un pequeño asentamiento que fue desmantelado por las autoridades debido al olor nauseabundo que generaba, ahora vuelven a aparecer los vestigios de otro hogar improvisado. Telones y mantas, junto a maletas viejas y pequeños electrodomésticos, se amontonan bajo la pasarela, como un grito silencioso ante la indiferencia. Esta escena ha comenzado a ser parte del paisaje habitual para los viandantes y conductores que pasan por esta vía tan transitada.
Un problema creciente en Palma
La situación es alarmante. Esta zona de Palma se está convirtiendo en un auténtico epicentro del sinhogarismo. No solo aquí, sino también en lugares cercanos como el Parc de Ses Sorts o el polideportivo Germans Escalas, donde hace poco hubo un incendio devastador. Cada vez son más las personas que buscan refugio entre las sombras del asfalto y cada vez menos quienes hacen algo al respecto.
No podemos cerrar los ojos ante lo que está sucediendo. Es hora de reflexionar sobre nuestra responsabilidad colectiva hacia aquellos que sufren y sobre cómo este tipo de imágenes deberían incomodarnos y empujarnos a actuar.

