La polémica está servida. La agrupación Menos Turismo, Más Vida ha salido al paso de las críticas tras la difusión de su manual de acción directa. En un claro intento por defender su postura, afirman contundentemente: «Romper el candado de los alquileres turísticos no es violencia; lo que realmente destruye nuestro territorio es el turismo desmedido». Y con estas palabras, nos invitan a reflexionar sobre el modelo turístico que estamos viviendo.
¿Hasta cuándo vamos a permitirlo?
El debate se intensifica cuando escuchamos voces como la de Josep Genovard, quien nos recuerda que cada vez son más los que abogan por un cambio en Eivissa y otras islas del archipiélago. Mientras tanto, iniciativas como Uber han comenzado a ofrecer el alquiler de barcos, ¿pero esto realmente beneficia a nuestra comunidad o solo alimenta el monocultivo turístico? Las pancartas en el aeropuerto de Palma pidiendo respeto por la isla también resuenan en nuestras conciencias. Es hora de hacer algo.
Y así, entre protestas y reclamos, surgen organizaciones como GOB y Terraferida que se manifiestan en contra de cualquier forma de violencia. Pero la pregunta persiste: ¿qué entendemos realmente por violencia? Si romper un candado representa una lucha desesperada por recuperar nuestros espacios y derechos, quizás deberíamos replantearnos nuestras prioridades y estrategias.
No se trata solo de romper o destruir; se trata de buscar soluciones reales para un futuro sostenible en nuestras islas. La lucha apenas comienza.

