En la zona de Pere Garau, los vecinos se enfrentan nuevamente a una realidad que preferirían haber dejado atrás. Tras un periodo de calma, el famoso ‘desguace’ ha regresado, ocupando un solar entre las calles Joan Mestre y Abat de Sant Feliu. Este lugar, que antes albergaba a un grupo de personas trabajando con electrodomésticos y otros objetos metálicos, había sido abandonado, dando paso a la esperanza de una nueva construcción. Sin embargo, esa tranquilidad ha sido efímera.
Una comunidad cansada
Ahora, estos mismos trabajadores han vuelto a merodear por las calles vecinas, buscando sombra para refugiarse del calor abrasador mientras depositan su ‘mercancía’ en plena vía pública. Los peatones, los residentes e incluso quienes laboran en la zona no pueden evitar sentir el malestar. Es habitual ver neveras, congeladores o incluso bicicletas apiladas en lugares como el cruce de las calles Lluís Martí y Joan Mestre, lo que resulta bastante incómodo para todos.
No es sorprendente entonces que los vecinos hayan reaccionado ante esta situación insostenible. En un acto que mezcla indignación con un toque de humor negro, algunos han decidido rociar con ketchup y mahonesa los bolardos de esa esquina. ¡Sí! Su objetivo es claro: disuadir a quienes invaden su espacio vital y alteran la convivencia diaria. Aunque hay quienes critican esta acción por considerarla incívica, no se puede negar que refleja el profundo descontento de una comunidad cansada.
A medida que estas imágenes dan la vuelta por el barrio, queda claro que este pequeño acto ha sorprendido a muchos. La preocupación va más allá del estado del mobiliario urbano; se trata de una lucha por mantener la paz en unas calles donde también han surgido problemas relacionados con okupaciones e inseguridad. La marcha temporal del antiguo ‘desguace’ trajo consigo algo de serenidad a la zona, pero ahora sus protagonistas siguen siendo noticia.

