En un giro que no sorprende a nadie, el Gobierno de Líbano ha levantado la voz contra Hezbolá por su rechazo al acuerdo con Israel para cesar las hostilidades. El ministro de Exteriores, Yussef Raggi, no se ha guardado nada y ha señalado que este grupo armado no actúa de forma autónoma. En sus palabras, es Irán quien decide por ellos. Un mensaje claro que hace eco en todo el país.
Raggi, en un encuentro con diplomáticos francófonos, expresó su frustración al recordar cómo la resistencia de Hezbolá se ha involucrado en guerras que solo han traído destrucción y muerte. “El Estado no tuvo más opción que buscar negociaciones”, afirmó. Con esta declaración, deja entrever la desesperada necesidad de poner fin a los combates que asolan Líbano.
Culpar a otros nunca fue solución
A pesar del contexto tan complejo, el titular de Exteriores criticó abiertamente a Hezbolá por querer “culminar la guerra”, una decisión desastrosa para el futuro del país. Como bien apuntó Raggi, esto solo beneficia los intereses iraníes. La situación está clara: mientras Líbano lucha por encontrar su camino hacia la paz y la estabilidad, Hezbolá parece seguir sumido en una negación peligrosa.
Pero eso no es todo; el acuerdo alcanzado no es definitivo y hay muchos puntos aún por negociar. Raggi defendió con firmeza que este pacto establece la independencia de las decisiones libanesas. “Nos negamos rotundamente a que nadie negocie en nuestro nombre”, sentenció con convicción. En un mundo donde las decisiones se dictan desde fuera, Líbano busca recuperar su voz y hacerse escuchar.

