En Bruselas, el 3 de julio, Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, se encontró ante los periodistas con un mensaje claro: la suspensión del Acuerdo de Asociación con Israel está más viva que nunca. A mitad de julio, su equipo tiene previsto presentar medidas para frenar el comercio con los asentamientos israelíes en Cisjordania. Sin embargo, no pudo evitar recordar a los Estados miembros que llevan casi diez meses discutiendo una posible suspensión parcial del acuerdo. «La pelota sigue en su tejado», afirmó durante una rueda de prensa en Irlanda.
La urgencia de actuar y la falta de consenso
A pesar del deterioro alarmante en Gaza y Cisjordania, las acciones concretas brillan por su ausencia. Von der Leyen admitió que la expansión de los asentamientos israelíes es un grave problema que socava la solución de dos Estados, esa que muchos anhelamos como única salida viable hacia una paz duradera. «Hemos acordado sanciones contra colonos extremistas y figuras clave de Hamás», enfatizó, mientras mencionaba las presiones desde varios países europeos para vetar el comercio relacionado con estos asentamientos.
Aunque ha quedado claro que hay intención de actuar, lo cierto es que hace ya diez meses se propuso suspender las preferencias comerciales del Acuerdo UE-Israel. Pero entre palabras y hechos hay un abismo; aún no se ha conseguido reunir los apoyos necesarios entre los Veintisiete. Von der Leyen insistió: «Tendría un impacto económico significativo, pero depende del voto mayoritario».
Por otro lado, no dudó en destacar el papel humanitario de Europa: «La Unión Europea es el mayor proveedor de ayuda mundial para Palestina», subrayó. Desde octubre pasado han destinado más de 2.700 millones de euros a ayuda humanitaria y han establecido 85 puentes aéreos para entregar más de 5.600 toneladas de suministros esenciales.
Así estamos: entre buenas intenciones y decisiones aplazadas mientras la realidad se complica cada día más.

