Este jueves por la mañana, un día que prometía ser de disfrute y relax en Cala Domingos Petit, se tornó en una pesadilla. Un turista alemán de unos 70 años decidió hacer un chapuzón en aguas que, a pesar de tener bandera amarilla, lo llamaron con fuerza. Pero el mar no estaba para juegos y, tras zambullirse, dejó de moverse.
Las socorristas de Marsave, que siempre están atentas al bienestar de los bañistas, no tardaron en reaccionar. Con su silbato en mano intentaron alertarlo del peligro que corría. Sin embargo, él parecía no escuchar. Fue entonces cuando las socorristas se lanzaron al agua con una tabla para intentar rescatarlo. Lo sacaron con rapidez a la orilla y comenzaron a aplicar maniobras de reanimación cardiopulmonar, pero el tiempo corría en su contra.
Un esfuerzo insuficiente
A pesar del empeño desmedido durante más de 40 minutos por parte del personal salvavidas y posteriormente los servicios sanitarios que llegaron urgentemente al lugar, el destino ya había decidido. La noticia fue devastadora: el hombre había fallecido antes incluso de poder regresar a la tranquilidad que buscaba en esas aguas.
La Policía Nacional y Local llegaron rápidamente para hacerse cargo de la situación y proceder a identificar al turista mientras algunos familiares estaban allí presentes, sumidos en la angustia y el dolor ante lo inesperado. La playa, que normalmente es sinónimo de risas y diversión, quedó marcada por esta tragedia que nos recuerda lo frágil que puede ser la vida.

