En Palma, la noche del sábado se tornó en un auténtico caos cuando un hombre decidió hacer caso omiso a una orden de alejamiento y se presentó en casa de su expareja. La escena fue escalofriante: el individuo, que ya tenía antecedentes de maltrato, no solo la agredió, sino que también terminó gravemente herido tras un accidente con una vidriera. Su desesperación era palpable; mientras se desangraba, imploraba ayuda a los agentes que llegaron al lugar.
Una situación crítica
Los policías, alertados por el servicio de emergencias del 091, llegaron justo a tiempo para encontrarse al sospechoso en el suelo, con un profundo corte en el bíceps. Su grito desgarrador: «¡Me estoy desangrando, me voy a morir!» resonó entre los agentes. Actuaron rápidamente y le aplicaron un torniquete que le salvó la vida. Sin esa intervención precisa, probablemente habría fallecido en minutos.
Mientras tanto, dentro del apartamento, la joven víctima relató cómo su expareja había entrado como si nada para recoger algunas cosas. Pero al abrirle la puerta, fue recibida con violencia; él se lanzó sobre ella y comenzó a asfixiarla. En medio del pánico y sin poder gritar, empezó a golpear las paredes para pedir ayuda. Dos compañeros de piso acudieron raudos al oír los ruidos y terminaron enfrentándose al agresor.
La situación se complicó aún más cuando él empezó a destrozar todo lo que encontraba a su paso antes de huir; incluso rompió una vidriera con un puñetazo, lo que le causó una herida horrible en el brazo. La escena deja mucho que pensar sobre la escalofriante realidad del maltrato y sus consecuencias trágicas.
Afortunadamente, este caso tuvo un desenlace menos trágico gracias a la rápida acción policial y médica. El hombre fue trasladado urgentemente al hospital donde lo operaron de gravedad. Sin embargo, esto nos recuerda que detrás de cada número hay historias dolorosas esperando ser contadas.

