La música debería ser un refugio, un espacio donde todos podamos sentirnos libres. Sin embargo, el grupo mallorquín Fades ha tenido que enfrentar una realidad dura y dolorosa durante su actuación en Vilassar de Mar, cerca de Barcelona. En medio de su concierto, parte del público decidió lanzar cubitos hacia el escenario, obligando a la banda a suspender su actuación tras parar hasta tres veces.
La situación se tornó insostenible y lo que debería haber sido una celebración se convirtió en un momento lleno de odio y agresión. “Es el tercer concierto en nuestra gira donde sufrimos algún tipo de ataque”, lamentan desde Fades a través de sus redes sociales. A pesar de ser solo diez los conciertos realizados hasta ahora, la violencia ya ha dejado huella.
El auge del odio y la resistencia colectiva
En su comunicado, la banda hace eco del clima hostil que están viviendo: “Padecemos el auge de la extrema derecha directamente por ser personas queer y defender la lengua y cultura catalanas”. El impacto no solo se siente en sus actuaciones, sino también en las amenazas recibidas por las redes sociales. Pero aquí no acaba todo; Fades lanza un mensaje claro: “Todo este odio lo hemos de reconvertir con fuerza para organizarnos y seguir ocupando los espacios públicos”. Su determinación resuena entre quienes comparten su lucha por una sociedad más justa e inclusiva.
Aunque estas experiencias son desgarradoras, cada ataque es también un recordatorio de la importancia de seguir adelante. La música es resistencia y Fades está decidido a demostrarlo.

