Era diciembre de 1992, un mes después de la histórica caída del Muro de Berlín. Javier O.M. y Francisco B.S., dos jóvenes mallorquines llenos de sueños, se encontraban en la capital alemana, listos para vivir un momento que marcó la historia. Sin embargo, lo que debía ser una experiencia inolvidable se tornó en una pesadilla.
Una noche que comenzó con música y terminó en terror
Tras disfrutar de un concierto vibrante, decidieron hacer una parada en el bar Yorck. Pero no todo salió como esperaban. Al pedir unas cervezas en inglés, la camarera reaccionó de forma extraña y, sin previo aviso, uno de los clientes les abofeteó a Javier. ¿Qué había pasado? Confundidos y asustados, optaron por salir del lugar; pero no contaban con que los seguirían una veintena de neonazis. Eran ‘cabezas rapadas’, vestidos con chaquetas oscuras y botas robustas, dispuestos a desatar su odio.
Cuando llegaron a la calle, fueron rodeados como si fueran presas fáciles. La brutalidad llegó sin aviso: puñetazos volaron por doquier mientras Javier recibía golpes con un palo de billar hasta caer al suelo ensangrentado. Un testigo preocupado llamó a la Polizei alemana, que rápidamente intervino y detuvo a los agresores. Mientras tanto, nuestros amigos sufrieron las consecuencias; Javier quedó gravemente herido con una conmoción cerebral severa.
A pesar del miedo y el dolor físico, el espíritu valiente de estos mallorquines no se quebrantó. Tras recuperarse del ataque salvaje, fueron convocados para identificar a sus agresores en una rueda de reconocimiento. De aquellos veinte detenidos iniciales, cinco fueron acusados formalmente por su papel destacado en esta salvaje paliza. Lo más impactante fue escucharles afirmar que “nos agredieron porque éramos extranjeros”, un claro ataque xenófobo que resonaba como un eco aterrador.
Días después del incidente violento surgió una manifestación neonazi cerca del lugar donde ocurrió todo; algo que despertó aún más sospechas entre los investigadores sobre las intenciones detrás de este ataque aleatorio dirigido a extranjeros en esos tiempos convulsos.
Finalmente, tras tres años desde aquella noche fatídica y ya recuperados físicamente aunque no emocionalmente, volvieron a Mallorca donde hablaron abiertamente sobre su experiencia en un juicio penal contra sus agresores. Se mostraron decididos a buscar justicia e incluso pensaron en iniciar acciones civiles para obtener compensaciones por lo vivido.
A veces basta con salir a disfrutar para encontrarse cara a cara con el lado más oscuro de la humanidad. Esta visita inesperada casi termina mal; afortunadamente Javier y Francisco están aquí para contar su historia.

