En una mañana cualquiera, la calle Costa Rica de Palma se ha visto sacudida por un mensaje claro y directo. Un negocio, cuya fachada ahora luce varias pintadas que gritan «Fora gentrificadors» y «Silenci, respecte, civisme», se convierte en el epicentro de una controversia que no deja a nadie indiferente. Este acto no es casual; es parte de una campaña del colectivo Menys Turisme, que ha decidido alzar la voz en redes sociales para denunciar lo que consideran un ataque a la esencia de sus barrios.
La lucha por los barrios
El colectivo, con su publicación acompañada de la fotografía del local, señala con firmeza: «Fuera los negocios gentrificadores de nuestros barrios, pasemos a la acción». Porque aquí no se trata solo de unas pintadas; es el grito desesperado de quienes ven cómo lugares tradicionales son reemplazados por un monocultivo turístico que ahoga la autenticidad. Se menciona específicamente a esos wine bars chic, las cafeterías de brunchs irresistibles o esas heladerías premium que están cambiando el rostro familiar del lugar.
Pero ¿qué hay detrás de esto? La comunidad anhela conservar sus raíces y mantener vivos esos comercios que siempre han estado ahí. Tal como afirma uno de los comentaristas en redes: «Hay que concienciarse de que la acción directa es uno de los únicos caminos que nos quedan». Y otro añade con contundencia: «De buenas no vamos a ningún lado».
Aún se desconoce si el negocio afectado ha tomado medidas ante estas pintadas o si ya han sido borradas. Pero lo cierto es que este episodio resuena en un momento donde la tensión social sobre el turismo y su impacto urbano sigue creciendo como una ola imparable en Palma.

