Ángel Baldovino está a punto de cumplir 97 años y sigue pintando como si el tiempo no pasara por él. Nacido en Buenos Aires pero afincado en Mallorca desde hace décadas, este pintor abstracto es más que un artista; es un conversador apasionante, un amante de las letras y un admirador declarado de figuras como Leonardo da Vinci y Georgia O’Keeffe. Su próxima exposición, ‘La luz viene de arriba’, se inaugurará el 3 de junio en Cansalas Gallery & Art House, donde mostrará 23 obras frescas que han brotado recientemente de su inagotable creatividad.
Un espíritu indomable
Durante una charla amena en la galería, Baldovino revela cómo la pintura le permite escapar de los achaques típicos de su edad. ‘Pintar me aporta salud y claridad mental’, dice con una sonrisa. Y es que cada pincelada parece ser una batalla ganada contra el paso del tiempo. Se levanta antes del alba para dejarse llevar por la inspiración: ‘A las 4 de la mañana ya estoy en pie, mirándome al espejo y diciéndome que debo ponerme a trabajar’. Con un sentido del humor admirable, añade que sus pinceles son como soldados listos para entrar en acción.
A pesar de haber perdido visión en uno de sus ojos, eso no detiene su pasión por la lectura ni su dedicación al arte. Utiliza una lupa para leer y asegura que esa limitación le ayuda a concentrarse aún más: ‘Me hace apreciar las cosas desde otra perspectiva’, comenta.
Baldovino llegó a Mallorca invitado por su amigo Cándido Ballester y pronto se enamoró de esta isla mágica. A través de sus cuadros ha intentado capturar la belleza natural que muchos pasan por alto: calas escondidas, paisajes vibrantes… Sin embargo, también ha enfrentado momentos difíciles; perdió a su padre cuando solo tenía un año y vivió experiencias desgarradoras durante su vida adulta. Pero él prefiere mirar hacia adelante: ‘Hoy soy más audaz en lo que pinto’, reflexiona con satisfacción.
A sus casi 97 años, sueña con alcanzar los 101 que vivió su abuela mientras comparte sabiduría sobre cómo vivir plenamente: ‘Hay que amar a la gente y ser respetuoso’, dice convencido. Y aunque está alejado del ruido digital actual, espera ansioso reencontrarse con viejos amigos en el día de la inauguración.

