En la mañana del 25 de mayo, nos despertamos con una noticia desgarradora que nos golpea el corazón. Al menos dos palestinos, entre ellos una niña, han perdido la vida en un ataque brutal llevado a cabo por el Ejército israelí contra un campamento de desplazados en Jan Yunis, al sur de Gaza. Este ataque se produce a pesar del alto el fuego que debería haber traído algo de esperanza desde octubre de 2025.
Según fuentes del Hospital Naser, citadas por el diario palestino ‘Filastin’, las víctimas son Hanan Abdelnaser Mahmud y Mena Alá abú Labdé, esta última apenas una menor que apenas comenzaba a vivir. El asalto no solo ha cobrado vidas; también ha causado incendios devastadores que han arrasado varias tiendas de campaña donde residen aquellos que han sido despojados de todo.
El lamento continúa en Gaza
Las autoridades de Gaza, bajo el control de Hamás, no se han quedado calladas y han elevado la cifra trágica a más de 900 muertos debido a los ataques israelíes desde que comenzó este cese al fuego. La situación es crítica; los datos oficiales indican que tras los horribles acontecimientos del 7 de octubre, donde cerca de 1.200 personas murieron y unos 250 fueron secuestrados, ya se cuentan cerca de 72.800 fallecidos y más de 172.800 heridos. Es difícil entender cómo estos hechos pueden seguir ocurriendo sin un eco suficiente en nuestra conciencia colectiva.

