La jornada en la Feixina estuvo marcada por una escena que dejó a muchos con la boca abierta: el agua teñida de rojo y el eco de las protestas resonando en el aire. Un grupo de manifestantes, aunque menos numerosos que los periodistas, se reunieron para alzar sus voces en una concentración organizada por Núcleo Nacional. Fue un espectáculo difícil de ignorar, donde cada grito reflejaba la rabia acumulada por años de descontento.
Una lucha constante
Mientras tanto, otros temas también rondaban por el ambiente. El clan Benabad enfrenta un juicio por narcotráfico con 19 acusados a cuestas; es como si nuestra sociedad estuviera atrapada en un ciclo interminable de escándalos. Y si hablamos de problemas, no podemos olvidar la vaga del sector textil, que ha obligado a cerrar tiendas emblemáticas en Palma y Eivissa. ¿Qué nos está pasando?
No muy lejos de allí, los caravanistas de Son Hugo expresaron su descontento ante lo que consideran un «acoso» por parte del Ayuntamiento: «No nos van a echar de la isla», afirmaron con determinación. Pero eso no es todo; hay quienes advierten sobre el intento de convertir el Portitxol en una marina exclusiva para grandes yates extranjeros, algo que podría arruinar nuestras costas.
A medida que avanza el día, las pintadas antifeixistes decoran las calles antes del encuentro ultra programado en Palma. Por otro lado, organizaciones migrantes no se quedan calladas ante el recurso presentado por Prohens para regularizar situaciones laborales: «Nos quieren solo para trabajar, pero no para tener derechos», clamaron con fuerza.
No es fácil navegar entre tanto caos político y social; incluso Feijóo llegó a decir desde Palma que «la corrupción del PSOE es peor que la mafia». Mientras tanto, nosotros seguimos intentando encontrar respuestas entre tanta incertidumbre.

