La situación de Narges Mohammadi, la Premio Nobel de la Paz, es realmente alarmante. Después de nueve días en un hospital de Zanjan, su salud sigue siendo crítica. Su marido, Taghi Rahmani, no ha podido ocultar su preocupación y ha compartido con el mundo el dramático estado de su esposa a través de redes sociales: «Su presión arterial ha caído a 90/40 y le cuesta incluso hablar», nos cuenta con angustia.
Un grito desesperado por ayuda
La realidad es dura. Aunque los médicos intentan estabilizarla con medicamentos, no hay dudas: necesita un tratamiento adecuado ya. Tanto su familia como los médicos han solicitado urgentemente su traslado a un hospital en Teherán, pero se enfrentan a una negativa del fiscal que parece más interesado en mantenerla encerrada que en velar por su salud.
Narges comenzó una huelga de hambre en febrero para protestar contra las inhumanas condiciones que enfrenta tras ser detenida. El 12 de diciembre fue arrestada durante un acto en memoria del abogado Josrou Alikordi, fallecido bajo circunstancias misteriosas. Su historia es un ejemplo desgarrador del sacrificio por la defensa de los derechos humanos.
A pesar de haber sido liberada provisionalmente por motivos médicos el diciembre pasado, su sufrimiento no ha terminado. La activista enfrenta condenas severas por supuestas conspiraciones y actividades pacíficas que simplemente buscan defender lo justo. En medio de este caos, la Unión Europea ha alzado la voz, expresando su profunda alarma e instando a Irán a garantizar atención médica adecuada y liberar a todos aquellos detenidos injustamente.
No podemos quedarnos callados ante esta injusticia; Narges representa no solo una lucha individual sino el clamor colectivo por libertad y dignidad en Irán. Es hora de actuar y exigir cambios reales.

