En una mañana que debería haber sido tranquila, Palma se convirtió en escenario de un violento intento de atraco. Un joven senegalés decidió que la mejor forma de conseguir dinero era amenazar a los clientes de un cajero automático con unas tijeras. Primero, le puso la amenaza a un hombre, logrando arrebatarle 25 euros. Pero eso no fue suficiente; poco después, se dirigió a una mujer, intentado robarle lo que llevara.
Un forcejeo inesperado
La situación se complicó cuando una trabajadora del banco, asustada por lo ocurrido, llamó al 091. En cuestión de minutos, varias patrullas del Grupo de Atención al Ciudadano llegaron al lugar. La empleada les indicó quién era el sospechoso: un chico que corría como alma que lleva el diablo.
Los policías le dieron la voz de alto y notaron cómo escondía las manos en los bolsillos. Era obvio que tenía algo más que las manos vacías. Ignorando las órdenes, el joven mantuvo su actitud desafiante y eso llevó a un forcejeo. Al final, las tijeras cayeron al suelo y los agentes pudieron reducirlo.
Las víctimas confirmaron lo sucedido: aquel chico había aparecido por detrás con sus tijeras afiladas y les había amenazado para conseguir dinero. Con dos delitos de tentativa de robo con violencia y uno más por desobediencia a la autoridad sobre su cabeza, este episodio nos deja pensando en la inseguridad que vivimos día a día.

