La noche del pasado 3 de mayo, Ca’n Valero se convirtió en el escenario de una auténtica locura. Más de 200 personas se congregaron para presenciar un espectáculo que no debería haber tenido lugar: una competición de velocidad no autorizada. Con los motores rugiendo y las luces brillando, varios conductores decidieron exhibir sus habilidades al volante, haciendo trompos y derrapes ante un público que jaleaba cada maniobra arriesgada.
Una intervención necesaria
Todo ocurrió entre la 00:05 y las 02:30 horas, cuando la Policía Local recibió avisos sobre la multitud reunida en la intersección de las calles 4 de noviembre y Poima. Allí estaban tres turismos realizando acrobacias que ponían en jaque la seguridad de todos los presentes. La situación no tardó en escalar; tras los trompos iniciales, comenzó una carrera desenfrenada donde los coches volaban a velocidades alarmantes.
Ante el riesgo evidente, los agentes solicitaron refuerzos del Grupo de Actuación Preventiva (GAP) para poder controlar la situación. Gracias a su intervención lograron interceptar a dos hombres españoles al volante, aunque un tercer coche logró escapar antes del despliegue policial. Sin embargo, su conductor ya estaba identificado.
No es solo un juego; uno de esos vehículos tenía la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) caducada desde hacía dos años y carecía del seguro obligatorio. ¿Qué más se puede decir? Estas imprudencias aumentan exponencialmente el peligro durante maniobras extremas como las que estábamos viendo esa noche.
A raíz de esta actuación se tramitaron infracciones muy graves por conducción temeraria y participación en competiciones ilegales. Además, se formularon 17 denuncias por ITV caducadas, 5 por falta de seguro y otras infracciones relacionadas con la normativa municipal. Es evidente que este tipo de eventos no pueden seguir ocurriendo; son una amenaza directa para nuestra comunidad.
La Policía Local ha dejado claro su compromiso con la seguridad vial y promete continuar trabajando para erradicar estos encuentros peligrosos que ponen en riesgo nuestras vidas. Es hora de poner fin a esta cultura del riesgo innecesario.

