MADRID, 2 de mayo. (EUROPA PRESS) – En un giro inesperado, el Ministerio de Comercio de China ha dado un paso firme este sábado, ordenando a todas sus compañías energéticas afectadas por las sanciones impuestas por Estados Unidos que ignoren estas represalias y sigan adelante con sus operaciones como si nada hubiera ocurrido. Esta medida afecta especialmente al gigante petroquímico Hengli, conocido por operar el imponente complejo de Lianoning, uno de los más importantes del país.
Un desafío rotundo
A finales del mes pasado, la Oficina de Control de Activos Extranjeros de EEUU (OFAC) hizo sonar las alarmas al imponer sanciones contra Hengli, acusándola de recibir cargamentos de petróleo iraní a través de buques también sancionados. La cifra es impresionante: más de cinco millones de barriles entregados desde 2023. Sin embargo, Hengli no se quedó callada; negó rotundamente cualquier vínculo y tachó estas sanciones como «unilaterales e ilegales», afirmando que violan las normas del comercio internacional.
Ahora, con esta nueva directriz publicada en su página web, el Ministerio ha dejado claro que las empresas chinas no deben reconocer ni cumplir con las sanciones estadounidenses. ¿Por qué? Para salvaguardar «la soberanía nacional y los derechos legítimos» tanto de ciudadanos como organizaciones chinas. Y en palabras del propio comunicado, el Gobierno chino se opone frontalmente a esas medidas que carecen del respaldo internacional correspondiente.
No cabe duda: China está enviando un mensaje fuerte y claro sobre su postura frente a lo que consideran una intromisión inaceptable en sus asuntos internos.

