La Playa de Palma, ese rincón que todos amamos, se ha convertido en el escenario de una nueva moda que deja mucho que desear. Las pegatinas, esos adhesivos coloridos que parecen haber cobrado vida propia, están por todas partes. Desde las nuevas farolas hasta los postes de señales, nada escapa a esta invasión pegajosa.
Imagina caminar por el paseo y encontrarte con hileras organizadas de estos adhesivos, como si fueran un camino hacia… ¿a dónde? Mientras algunos turistas posan felices junto a este nuevo atractivo, para los vecinos y trabajadores del área es motivo de indignación. “¿Es esto lo que queremos mostrar?” se preguntan muchos. Y no es para menos; ver el adoquinado cubierto por una colección de pegatinas es como ver cómo tiran a la basura la esencia del lugar.
Pegatinas en cada rincón
Desde hace tiempo, hemos sido testigos del incivismo que invade nuestra playa. Las cabinas telefónicas y paradas de autobús han sido históricamente focos de estas vistosas pegatinas. Pero ahora han cruzado una línea: el suelo mismo se ha convertido en un improvisado ‘sticker wall’. A pocos metros de la arena, donde deberían brillar las olas y la belleza natural, hay un desfile de adhesivos que parecen gritar “aquí estuve” sin ningún tipo de respeto por lo público.
No solo eso, las nuevas farolas también han caído en esta trampa turística. Es triste pensar que muchos visitantes sienten la necesidad imperiosa de dejar su marca aquí, aunque sea a costa del patrimonio común. Esta obsesión por pegar algo en cada esquina está transformando nuestro espacio compartido en un mero objeto decorativo para fotos en redes sociales.
En definitiva, mientras unos ven atractivo donde hay descuido y falta de respeto, otros pedimos a gritos una reflexión sobre cómo cuidamos nuestro entorno. La Playa de Palma merece más amor y cuidado que este bombardeo visual que solo habla del poco respeto por el espacio público.

