En una mañana fresca en Las Coloradas, un restaurante aún con las persianas bajadas espera el bullicio del día. Los coches pasan de manera esporádica, y la brisa acaricia suavemente los rostros de quienes aguardan. No es un día cualquiera, sino uno marcado por la lluvia que ha caído más que nunca este marzo en Canarias, algo de lo que incluso se habla entre los ancianos que saborean su cerveza.
Hoy, el cantante grancanario Quevedo nos invita a recorrer la isla en su Ford Ranger, adornada con una pequeña pegatina que dice ‘El Baifo’. Con su gorra y chándal gris, está listo para mostrarnos no solo su música, sino también los paisajes que han inspirado sus letras. Mientras esperamos al equipo, un hombre uniformado se acerca y le pregunta si es él. Tras una breve conversación y agradecimientos sinceros por su trabajo, comenzamos nuestra aventura hacia el mirador de Las Coloradas.
Un viaje musical lleno de emociones
Apenas arranca el coche y ya estamos inmersos en la música. Quevedo comparte anécdotas sobre cada canción mientras sus melodías resuenan en el aire. “Está en casa” abre el repertorio; una reflexión sobre regresar a Las Palmas y las vistas desde lejos que siempre evocan nostalgia. Cada tema del disco parece contar una historia personal, como si nos llevara a conocerlo mejor.
A medida que avanzamos hacia el norte, atravesando calles atestadas y disfrutando del tráfico típico de Las Palmas, Quevedo conecta con nosotros: “La segunda canción es pura fiesta familiar”, dice antes de sonar Caprichoso. Su risa contagiosa hace que todos nos sintamos parte del momento.
Cruzamos paisajes vibrantes mientras compartimos risas e historias. El Faro de Sardina se convierte en nuestro siguiente destino. Allí escucha Al golpito, la favorita del artista; un tema diferente al reguetón habitual que le toca el corazón. “Es como un mensaje para mí”, confiesa emocionado.
Cada parada está llena de sorpresas: desde hablar sobre su admiración por Bad Bunny hasta recordar sus días creativos en Ibiza rodeado de amigos y buena música. La conexión entre ellos se siente genuina; son más que colaboradores; son familia.
Tras disfrutar de un delicioso almuerzo canario frente al imponente roque Bentayga, llega el momento más esperado: escuchar Mi balcón, donde todos guardamos silencio para dejar que la música llene nuestros corazones bajo los rayos del sol.
A medida que cae la tarde y nos dirigimos hacia Degollada de Becerra para escuchar Hijo de volcán, queda claro que este viaje no solo ha sido sobre música sino también sobre identidad. Quevedo quiere crear algo duradero, algo genuino para su gente antes de lanzarlo al mundo. Un artista profundamente conectado con sus raíces y deseoso de compartirlas con todos nosotros desde lo alto de Gran Canaria.

