En un encuentro donde el RCD Mallorca parecía tener todo bajo control, los bermellones se encontraron con un adversario tambaleándose. Tras el gol de Samu Costa, el partido estaba a su favor, pero la historia dio un giro inesperado. El 1-0 debería haber sido la puntilla para un Valencia que mostraba signos de debilidad, pero fallar tantas ocasiones les costó caro.
La oportunidad perdida que duele
Como bien dice el dicho, quien perdona, acaba pagando. Y eso le sucedió al Mallorca en su enfrentamiento del pasado domingo en Son Moix. El técnico Martín Demichelis lo expresó con claridad: «Nos vimos más cerca del 3-0 que del 2-0», una sensación que se palpaba en las gradas. Con cada intento fallido de aumentar la ventaja, la tensión crecía y la frustración empezaba a asomar.
A pesar de tener al Valencia herido de muerte, los locales no lograron cerrar el partido. La entrada de Jan Virgili revitalizó al equipo; tuvo dos oportunidades claras para marcar y poner tierra de por medio. Pero entre él y el portero rival, Dimitrievski, se gestó un duelo épico donde el destino decidió mantener vivo al conjunto che.
Poco después llegó el empate inesperado del Valencia tras un error en defensa balear; un cabezazo letal que hizo estallar las esperanzas mallorquinistas. Ahí se percibió que no solo era una cuestión de puntería, sino también de concentración y gestión del juego. Aun así, los hombres de Demichelis no se rindieron y siguieron buscando ese segundo gol hasta el final.
A pesar de sus esfuerzos y varias ocasiones fallidas -como la clara volea de Javi Llabrés– el resultado quedó en tablas. Los tres puntos parecían estar al alcance, pero finalmente solo pudieron llevarse uno. Un empate que sabe a derrota para un equipo que luchaba por su permanencia.

