En una Bulgaria marcada por la incertidumbre política, Rumen Radev, expresidente del país, ha llegado como el gran favorito a las elecciones de este domingo. Este lunes, ya había depositado su voto en la bulliciosa capital, Sofía, mientras las voces críticas no cesan de advertir sobre la sombra del «voto comprado» que acecha el proceso electoral. “Ahoguemos el voto comprado en un mar de nuestros votos libres”, clamó Radev tras ejercer su derecho al sufragio en la Escuela Superior de Transporte.
Las elecciones se celebran en medio de un ambiente cargado de tensión y una desesperada necesidad de formar un gobierno estable. Y es que, tras ocho elecciones en cinco años, el país no puede permitirse otro fracaso. La crisis actual fue provocada por la dimisión del ex primer ministro Rosen Zheliazkov, quien se vio incapaz de aprobar unos presupuestos que prometían aumentar impuestos y desataron protestas masivas.
La búsqueda desesperada por estabilidad
A pesar de los obstáculos, el efímero gabinete del ex primer ministro logró que Bulgaria avanzara hacia la adopción del euro, otorgándole al país cierta voz dentro de la política monetaria europea. Sin embargo, esa pequeña victoria quedó empañada por la corrupción y los problemas internos: muchos ven a sus aliados políticos como parte del problema y no como parte de la solución.
Las encuestas apuntan a que Radev tiene muchas posibilidades de salir victorioso, pero sabe bien que necesita apoyos para hacerlo realidad. De hecho, se mostró abierto a colaborar con cualquiera que comparta su visión y su programa político. En una jornada electoral marcada por denuncias —ya van 93 desde el inicio— y con solo un 13,6% de participación hasta las 11:00 horas según datos preliminares, queda mucho camino por recorrer antes de saber si Bulgaria podrá finalmente dejar atrás este ciclo interminable de inestabilidad.

