En las costas de las Islas Baleares, el sol brilla sobre un paisaje que oculta una realidad alarmante: más de 2.000 construcciones ilegales. Sí, habéis leído bien. Desde piscinas hasta hoteles y restaurantes, todo levantado sin permiso en terrenos que son del dominio público. ¿Y qué pasa? Que hay órdenes de demolición esperando ser ejecutadas, pero parece que nadie escucha.
Es triste ver cómo se tira a la basura nuestra costa a favor de un monocultivo turístico que deja a su paso estructuras ilegales. La historia no es nueva; cada año vemos cómo se repite este ciclo donde lo prioritario es el negocio rápido, mientras los paisajes auténticos se convierten en recuerdos lejanos.
Un futuro incierto para nuestras playas
La preocupación crece entre los habitantes de la zona. Todos somos conscientes de que esto no es solo una cuestión legal, sino también moral. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que sigan pasando estas cosas? Lo peor es que la nueva ley del litoral balear podría consolidar todas estas irregularidades. Es como si estuviéramos dando un pase libre a quienes ignoran las normas por puro interés económico.
No podemos quedarnos de brazos cruzados ante esta situación. Las voces de aquellos que aman su tierra deben hacerse escuchar con fuerza y claridad. La defensa del litoral debería ser una prioridad, porque al final, todos somos responsables del legado que dejaremos a futuras generaciones.

