La justicia ha hablado y, esta vez, con una contundencia que no deja lugar a dudas. El Tribunal Supremo ha confirmado la dura pena de diez años y nueve meses de prisión a un padre que cometió el horrible delito de agresión sexual continuada contra su propio hijo. Esta atrocidad tuvo lugar en Palma entre 2015 y 2016, durante las visitas que realizaba cada dos fines de semana desde Madrid.
Un abuso inaceptable
El pequeño, que contaba entre cinco y siete años, fue víctima de unos actos que nadie debería sufrir. Aprovechando la confianza que había establecido con el niño, el condenado le realizó tocamientos inapropiados y le mostró vídeos sexuales explícitos. A raíz de estos hechos tan desgarradores, el niño quedó marcado; sufrió pesadillas y alteraciones emocionales severas que requirieron un tratamiento psicológico intensivo.
A pesar del sufrimiento del menor, la defensa del acusado intentó desacreditar su testimonio alegando que estaba «contaminado» por su madre debido a un conflicto familiar sobre la paternidad. Sin embargo, el Supremo rechazó esta idea con firmeza, reafirmando así la validez del relato del niño.
No solo se trata de una condena penal; también se impone al padre una prohibición estricta: no podrá acercarse al menor ni comunicarse con él durante casi 12 años. Además, deberá indemnizarlo con 20.000 euros. Esta decisión es un paso crucial hacia la protección y el bienestar del niño, aunque todavía queda mucho por hacer para asegurar que historias como estas no se repitan.

