La sala estaba llena de emociones y miradas expectantes cuando se dio a conocer el veredicto. George Virgiliu Teianu ha sido declarado culpable, por unanimidad, del asesinato de su novia, Rosario Díaz Jiménez, conocida cariñosamente como Chari. La tragedia ocurrió en un coche, en el Coll d’en Rabassa, donde el hombre asestó 66 puñaladas a la mujer delante de su pequeña hija de solo dos años.
Este viernes, el jurado popular no dejó lugar a dudas. El portavoz leyó el fallo y fue claro: “El ataque se inició de forma súbita e inesperada”, mientras Chari estaba sentada en el asiento del copiloto. En un vehículo tan pequeño como un Peugeot 107, la posibilidad de defensa era prácticamente nula.
Una historia que no debió ocurrir
Familiares y amigos de Chari estuvieron presentes durante la lectura del veredicto, algunos con lágrimas en los ojos. Con este dictamen, se confirma que George Virgiliu es culpable no solo de asesinato con alevosía y ensañamiento, sino también por las circunstancias agravantes relacionadas con género y parentesco.
El fiscal Jaime Guasp y Carlos Portalo, abogado de la acusación particular, han solicitado una pena que llega hasta los 27 años. Mientras tanto, el juez David Fernández Torregrosa se prepara para dictar sentencia en unos días.
Pero lo que ocurrió aquel 10 de diciembre es un recordatorio brutal del ciclo de violencia que muchas mujeres enfrentan. George había convencido a Chari para verse bajo el pretexto inocente de recoger a su hija. Sin embargo, lo que siguió fue un horror inimaginable.
Pese al relato escalofriante del crimen –donde él tomó un cuchillo escondido entre sus ropas– aún intenta desviar la culpa hacia ella. Durante su declaración dijo: “Empezamos a discutir… Me golpeó”, tratando así de justificar lo injustificable.
Aquella mañana comenzó como cualquier otra; habían desayunado juntos antes de ir por la niña a la guardería. Un plan sencillo que terminó trágicamente cuando sus sentimientos oscuros salieron a relucir tras una discusión sobre su inminente partida hacia Tenerife.
A pesar del arrepentimiento que él dice sentir ahora –“Destrocé a mi familia”, confesó– el hecho es que ya nada puede devolverle la vida a Chari ni borrar las huellas dejadas en esa pequeña niña que quedó sola después del horror vivido. La realidad pesa más que cualquier palabra pronunciada en una sala judicial.

