La sala de la Audiencia de Palma se llenó de tensión este miércoles durante la tercera sesión del juicio con jurado. El cuñado de ‘Chari’, la mujer que fue brutalmente asesinada con 66 puñaladas, entró visiblemente nervioso. «Por la persona que hay en la sala», comentó, refiriéndose a George Virgiliu Teianu, el hombre acusado del horrendo crimen y quien ahora se enfrenta a una condena de 27 años.
Una vida marcada por el miedo
Recordando momentos compartidos con su cuñada, el testigo relató cómo George Virgiliu había sido un ladrón nocturno en s’Arenal. Sin embargo, todo cambió cuando ‘Chari’ decidió separarse. «Yo le dije: ‘Déjala, haz tu vida en Tenerife’, y él me respondió: ‘Te juro que la voy a matar, a ella y al que vaya con ella'», explicó entre sollozos. Estas palabras resuenan como una maldición que terminó por materializarse.
El día del crimen, horas antes, ‘Chari’ había llamado a su cuñado para hablar sobre su sueño de abrir una peluquería; algo tan sencillo como buscar un local se tornó en tragedia. Tras enterarse del asesinato, el cuñado recuerda cómo salió temblando del baño al ver las noticias: «Le enseñé el teléfono a mi mujer y ella se desmayó».
Los ecos del horror no solo afectan a los adultos. La hija mayor del acusado tiene ahora diez años y ya sabe demasiado sobre lo vivido. Su tío asegura que la pequeña llama al padre «Monstruo» y guarda dentro de sí historias que jamás deberían haberla tocado.
Las palabras desgarradoras de la hermana de ‘Chari’ también salieron a flote: «George la tenía completamente anulada», recordó entre lágrimas mientras recordaba cómo incluso llegó a pagar 20.000 euros para liberar al procesado tras un intento previo de asesinato. Esa misma desesperación llevó a ‘Chari’ a robar para alimentar a sus hijas; acciones motivadas por un amor profundo hacia ellas, aunque muchas veces pasara desapercibido ante sus propios sufrimientos.
A medida que avanzaba el juicio, más voces se sumaron al relato trágico; desde amigos hasta familiares revelaron un patrón claro: George Virgiliu ejercía control absoluto sobre su esposa. Ella estaba atrapada en una relación tóxica donde los gritos y los golpes eran parte cotidiana.
Antes del fatal desenlace, ‘Chari’ había logrado presentar una denuncia contra él después de soportar demasiadas humillaciones. Cuando le otorgaron protección judicial y le entregaron un dispositivo telemático, lloró aterrorizada diciendo: «Ahora me va a matar». Un testimonio escalofriante que nos obliga a reflexionar sobre las sombras que todavía acechan a tantas mujeres.

