Era una mañana cualquiera en Son Gotleu, cuando la tranquilidad se vio interrumpida por un incidente que ha dejado a muchos boquiabiertos. Un hombre de origen pakistaní, dueño de un pequeño ultramarinos, decidió tomar la justicia por su mano tras acusar a un joven de haberle robado productos de su tienda.
La agresión que nadie esperaba
Todo comenzó cuando el propietario, enfurecido por lo que consideró un robo, salió corriendo detrás del menor y su acompañante. En cuestión de minutos, el ambiente se tornó tenso. Los servicios de emergencia recibieron un aviso a través del botón de atraco del propio local. Cuando llegaron las patrullas del Grupo de Atención al Ciudadano (GAC), encontraron a un empleado visiblemente alterado, quien relataba cómo el joven había hurtado algunos artículos.
Pero lo peor estaba por llegar. En medio del caos, irrumpió en la tienda el padre del menor agredido, completamente fuera de sí. Su hijo acababa de ser llevado a urgencias después de recibir un fuerte golpe en la cabeza con una barra metálica por parte del comerciante. La herida era seria: cuatro puntos para cerrar la brecha que había dejado aquel ataque desmedido.
A raíz de esta situación crítica, varias patrullas comenzaron a buscar al sospechoso. A los pocos minutos lograron interceptarlo en una calle cercana. Al ser interrogado, el dueño admitió haber golpeado al chico; sin embargo, intentó justificarse alegando que también había sido agredido previamente. Una historia llena de tensión y emociones encontradas que pone sobre la mesa preguntas sobre la violencia y las reacciones desproporcionadas ante situaciones cotidianas.

