Hoy nos despedimos de Manolo Martín Cuervo, un pilar fundamental en la historia de la Policía Nacional en Palma. A sus 82 años, este querido inspector jefe del Grupo de Homicidios ha partido, dejando un vacío enorme tras su trayectoria dedicada a esclarecer crímenes que marcaron una época. Su nombre resonará por siempre entre los que tuvimos la suerte de conocerlo.
Nacido en León, Manolo llegó a Mallorca en 1974 con su compañero Amado Caminero. Desde ese día, cuando se presentó olvidándose de la corbata y tuvo que pedir prestada la de su amigo para no ser reprendido, comenzó una aventura que le llevaría a convertirse en uno de los inspectores más respetados y queridos. ¿Quién iba a imaginar que esa anécdota se convertiría en parte de su legado?
Un profesional discreto pero excepcional
Manolo era conocido por su humildad y discreción; nunca buscó protagonismo ni apariciones mediáticas. De hecho, encontrar una foto suya es toda una hazaña. Pero detrás de esa modestia había un profesional incansable, un hombre que trabajaba codo a codo con su inseparable compañero Juanjo Serra para resolver casos complejos como el infame ‘Tortillero’ de Gomila.
Casado con Carmen y padre orgulloso de dos hijos (uno también policía), durante sus años de jubilación disfrutaba paseando a Pitita, su adorada perrita. La pérdida de ella fue un golpe duro para Manolo; la quería como si fuera parte de su propia familia. Aunque era conocido por sus logros —como recibir la Cruz Roja y Blanca al mérito policial— lo que realmente lo definía era esa capacidad única para conectar con las personas.
Así nos deja Manolo: un servidor público brillante y entrañable al mismo tiempo, cuya vida fue una lección constante sobre el valor del trabajo bien hecho y la humildad. Descanse en paz, querido inspector; tu legado vivirá siempre entre nosotros.

