En la noche del 4 al 5 de septiembre de 1993, un escenario oscuro y olvidado junto al cementerio de Palma fue testigo de un crimen que aún resuena en la memoria colectiva. Allí, entre viejas casetas y fábricas abandonadas, vivía Juan ‘el cebolla’, un mendigo de unos 45 años que se convirtió en víctima tras ser apaleado brutalmente con una barra de hierro.
Aquel sábado, el indigente Alfredo P., conocido por su dependencia al vino, pasó la noche en una vieja fábrica cerrada. La vida entre esos muros desvencijados no era fácil; otros como él malvivían rodeados de basura y ratas. “Hace más de treinta años esto no era como ahora”, cuenta un comisario jubilado. “Los indigentes solían congregarse cerca del psiquiátrico del Camí de Jesús”.
Un enfrentamiento mortal
A primera hora del domingo, una discusión acalorada estalló entre Alfredo y Juan. La chispa que encendió la pelea fue Marie F.M., una joven francesa que acompañaba a Juan esa noche. Lo que comenzó como palabras hirientes pronto se tornó en violencia: Alfredo tomó la barra y empezó a golpear a Juan sin piedad, dejándolo caer al suelo donde continuó el ataque.
La policía llegó alertada por los gritos y encontró a Alfredo a pocos metros del cuerpo sin vida de Juan. El caos reinante en aquella caseta era evidente; colchones desordenados y sillas caídas evidenciaban la brutalidad de lo sucedido. Cuando se realizó la autopsia, los forenses determinaron que Juan había muerto desangrado, lesiones que podrían haberse evitado si hubiese recibido atención médica a tiempo.
Poco después, ambos implicados fueron llevados ante el juez Joan Catany. En un giro inesperado durante su custodia policial, Marie gritó acusando a Alfredo: “¡Has matado a mi amigo!” A lo que él respondió con desprecio negando cualquier intención homicida.
A pesar de sus intentos por alegar amnesia debido al alcohol consumido esa noche, el juez decidió enviar a Alfredo a prisión mientras se espera el juicio. Su abogado argumenta que no hubo intención real de matar. Sin embargo, quienes conocieron aquel lugar saben que las sombras han cobrado muchas vidas antes y probablemente seguirán haciéndolo si nadie pone fin a esta espiral violenta.

