La historia comenzó el pasado martes en una casa del barrio de La Soledad, donde la Policía Nacional decidió poner fin a un negocio turbio que operaba las 24 horas. Los agentes llegaron con una misión clara: desmantelar un punto de venta de droga muy activo. Al entrar, encontraron a un hombre que, al ver a los funcionarios, no dudó en correr al baño y tirar por el desagüe un paquete cargado con estupefacientes. Pero no todo se perdió en el agua; la operación terminó con la incautación de casi 5.000 euros, varias básculas y 60 gramos de cocaína.
Una vivienda convertida en fortaleza
Los investigadores llevaban tiempo tras la pista de este lugar, donde el ir y venir de consumidores era constante y las medidas de seguridad eran dignas de una película. Con dos puertas blindadas y pestillos reforzados, parecía casi imposible acceder. Sin embargo, la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) y el Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas (GOIT) lograron derribar esas barreras rápidamente.
Aún les dio tiempo a ver cómo ese hombre intentaba deshacerse del paquete antes de ser atrapado. Aunque no pudieron recuperar lo que tiró al desagüe—un sistema ingenioso conectado a un aljibe para eliminar cualquier prueba—sí hallaron otros indicios incriminatorios. En otro rincón del hogar, una bolsa escondida contenía los mencionados 60 gramos de cocaína.
Y como si esto fuera poco, también encontraron una libreta donde se registraban las ventas realizadas por los diferentes vendedores que trabajaban en turnos continuos. Todo esto bajo una instalación eléctrica ilegal que representaba un riesgo latente de incendio. Al final del día, este hombre fue acusado no solo por tráfico de drogas, sino también por defraudación del fluido eléctrico.

