En el tranquilo Port d’Andratx, la calma se vio interrumpida por una situación insólita. Un vecino decidió cargar su coche eléctrico de una manera un tanto peculiar: tirando cables desde su balcón en un tercer piso, lo que no tardó en llamar la atención de sus vecinos. La escena era bastante chocante; varios cables cruzaban la acera, creando una especie de ruta eléctrica improvisada que preocupaba a más de uno por el riesgo que suponía.
Una intervención necesaria
Los residentes, alarmados por este montaje poco convencional, no dudaron en alertar a las autoridades. Así fue como llegó una patrulla de la Policía Local para hacerse cargo del asunto. Al llegar al lugar, los agentes encontraron exactamente lo que se habían imaginado: un vehículo conectado a la red eléctrica mediante un sistema casero y potencialmente peligroso. Al parecer, el propietario, un hombre belga, tuvo que hacer frente a las consecuencias de su idea brillante pero arriesgada.
Afortunadamente, tras la intervención policial, el dueño desconectó los cables desde su casa y dejó caer los mismos sobre la vía pública. Aunque esto pudo haber terminado en un susto mayor, los agentes decidieron elaborar un informe para recordar al implicado cómo debe realizarse correctamente la recarga de vehículos eléctricos sin comprometer la seguridad ni ocupar espacios públicos. Es triste ver cómo algunas ideas pueden llevarnos a situaciones absurdas; esperemos que esto sirva como lección para todos.

