Era una tarde como cualquier otra, hasta que el cielo se oscureció con la sombra de un terremoto. Luis Morey, un experimentado piloto mallorquín con más de tres décadas volando, se encontró en una situación límite cuando su vuelo Madrid-Caracas comenzaba a descender hacia el aeropuerto de Maiquetía. La tranquilidad del viaje se transformó en incertidumbre tras el doble seísmo que sacudió Venezuela y dejó al aeropuerto sumido en el silencio. ¿Qué hacer cuando no hay comunicación?
La decisión crucial
Las instalaciones habían sufrido serios daños estructurales y la pista estaba inservible. No había opción; aterrizar allí habría sido jugar con fuego. En ese instante crítico, y mientras la tripulación se preparaba para tocar tierra, un sismo inesperado desactivó todas las operaciones aeroportuarias. Fue entonces cuando el comandante decidió desviar el avión a otro destino seguro.
El momento quedó grabado en vídeo por uno de los pasajeros y rápidamente se hizo viral en redes sociales. En él, Luis explica con calma: «Ha habido un terremoto en Caracas… no contestaba nadie ni de la torre ni de aproximación», relatando cómo tomaron decisiones difíciles pero necesarias. La tensión podía sentirse, pero su tono era reconfortante: «No nos quedaban muchas opciones… Espero que sus familiares estén bien». Sin duda, una muestra de profesionalidad ante la adversidad.
Finalmente, siguiendo los protocolos de emergencia establecidos para situaciones internacionales, el avión puso rumbo a Curazao, donde aterrizó sin mayores incidentes. Todos los pasajeros y miembros de la tripulación desembarcaron sanos y salvos. Sin embargo, lo peor estaba aún por venir; más tarde supieron del devastador estado del hotel donde debían hospedarse esa misma noche: techos derrumbados y pasillos cubiertos de escombros eran solo algunos destellos del horror que había dejado el temblor.

