Era un día como cualquier otro cuando, de repente, la tranquilidad de Inca se vio alterada por la desaparición de una mujer de 54 años. Esta madre y abuela, que padece Alzheimer, se desorientó y su familia no tardó en entrar en pánico al no poder dar con ella. Mientras las horas pasaban, el temor crecía entre sus seres queridos. Sin embargo, la esperanza nunca se perdió.
Un vecino atento marca la diferencia
Afortunadamente, un buen samaritano estaba atento a su alrededor. Fue un vecino quien, al pasar por el Camí Vell de Pollença, la encontró tumbada en el suelo y rápidamente llamó al 112 para alertar sobre su situación. La intervención fue rápida; una patrulla de la Guardia Civil llegó al lugar y se encontró con una mujer visiblemente desorientada. Imagina lo complicado que debe ser comunicarse en esas circunstancias.
Los agentes no perdieron tiempo. Mientras hacían gestiones para identificarla y averiguar dónde vivía, pidieron apoyo sanitario para asegurarse de que estuviera bien. Con cada segundo que pasaba, la angustia aumentaba, pero finalmente lograron contactar con sus hijos, quienes estaban desesperados buscándola por todas partes.
El reencuentro fue un momento cargado de emoción; gracias a la colaboración entre los vecinos y los cuerpos de seguridad se logró unir a esta familia nuevamente. En este tipo de situaciones es donde realmente vemos cómo pueden cambiar las cosas con un simple gesto: estar atentos a nuestro entorno puede salvar vidas.

