Imagínate el miedo que debe sentir un hombre de 88 años en su propia casa, un lugar que debería ser sinónimo de seguridad y tranquilidad. Eso es exactamente lo que le ocurrió a este anciano cuando tres jóvenes decidieron hacer de las suyas en plena noche. Eran alrededor de las 4:20 horas del sábado cuando, armados con guantes y calcetines, forzaron la cerradura de su puerta principal y se adentraron en su hogar.
Según cuenta una de sus nietas, los intrusos no dudaron en dirigirse directamente hacia donde el abuelo dormía plácidamente. Sin piedad, lo tiraron al suelo para despojarlo de una cadena dorada que llevaba colgada del cuello. «El pobre tiene el cuello hecho un desastre, lleno de heridas, además le duele una mano», relata con angustia la joven.
Una llamada a la comunidad
La familia no se quedó callada. Inmediatamente interpusieron una denuncia ante la Policía Nacional y pusieron a disposición las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad del domicilio. Esperan que estas evidencias ayuden a dar con los responsables de este acto tan despreciable.
Así estamos, amigos; mientras algunos intentan vivir en paz, otros optan por arruinar vidas ajenas tirando por la borda lo más sagrado: nuestra seguridad y bienestar. ¿Qué nos está pasando como sociedad?

